FECHA DE VIAJE: MAYO 2019.

La única razón por la que Mongolia no es una provincia china o rusa es porque Genghis Khan les ganó a los mongoles el derecho de piso de tener un territorio propio armando uno de los imperios más grandes de la historia. Sus nietos se fueron peleando y el imperio se fue desarmando. Recién en 1920 con la ayuda del ejército rojo pudieron sacar a los manchúes y declarar que eran un país moderno. Mongolia fue nación soviética y a partir de 1990 una democracia.

La capital es Ulan Bator, una ciudad gris. Tosca. Ahí nos quedamos las primeras noches, en la casa de una familia. Fue una buena oportunidad para sumergirnos de lleno en las costumbres mongolas. La regla #1 es que no se puede decir que no a nada de lo que te ofrezcan aunque sea leche fermentada o sopa de joroba de camello.

Es un país grande y vacío. Un millón y pico de personas en la capital y un millón y medio de nómades. Nómades de verdad.

La tierra es tierra de nadie o tierra de todos. Las familias se pueden establecer donde quieran cuando quieran e ir moviéndose sin restricciones. La ruta asfaltada es una línea magra que conecta a la capital con las fronteras. El país se recorre haciendo camino al andar. Esto es muy especial. Meterse cientos de kilómetros por el paisaje inmenso sin alambrado, sin construcciones, sin nada. Es una sensación muy particular.

La única forma de trasladarse es en camioneta. Usan unos jeep rusos marca hunter. Originalmente hacía jeeps militares y les fueron poniendo más onda. Los actuales parecen vans hippies Volkswagen pero son una mega turbo máquina 4×4 re potente.

Nuestra idea inicial era ir 5 o 7 días al desierto de Gobi, pero la dueña de la agencia nos embarcó a nosotros dos, tres francesas y un español en una aventura de 14 días por la estepa, montañas, el desierto y el hielo.

El clima mongol es súper áspero. Hace frío siemrpe y cuando hace mucho frío hace menos treinta o menos cuarenta. Encima el viento se las arregla para estar soplando fuerte todo el tiempo. Es difícil.

No crece nada en ese suelo. Los nómades no plantan, no cazan, no pescan, no recolectan. Son pastores y eso es todo lo que tienen. 3 millones de personas, 80 millones de cabezas de ganado. Ovejas, cabras, caballos, camellos y yaks que son como vacas peludas.

Los únicos ingredientes externos que usan son harina de trigo y sal. Viven a base de leche, masa, carne y grasa. Se van moviendo a medida de que se acaba el pasto y más o menos ya tienen lugares definidos para cada temporada.

Viven en gers, unas carpas circulares deeee 5 metros de diámetro con estructura de madera. Se bancan todo y a la vez son suficientemente livianos como para llevarlos a lomo de yak.

Empezamos el tour yendo a un valle verde color Escocia, con colinas y piedras gigantes que vomitó un volcan hace veinte millones de años. Hicimos kilómetros y kilómetros para adentro, estábamos sumergidos en estepa verde, ríos congelados, el cielo gris con luz hasta las once de la noche, un silencio de película. Tranquilamente podía ser otro planeta.

Fuimos a quedarnos con una familia que estaba por hacer una especie de bautismo a un bebé de tres meses. La ceremonia consistió en embadurnarlo de caldo de grasa de un cordero sacrificado el día anterior mientras un monje cantaba y los invitados compartíamos vodka destilado de leche. La religión es una mezcla de budismo y animismo. El budismo entró en la época del imperio y fue útil para ordenar a la sociedad, pero siguen manteniendo supersticiones y costumbres chamánicas.

A la ceremonia vinieron familiares y vecinos. Jugamos a tirar de la soga, al voley, al fútbol y corrimos una carrera. Gané. No me la esperaba porque los jóvenes mongoles son re atléticos.

Las duchas no existen. A veces hay una letrina armada con unas maderas arriba de un pozo, pero en general a cagar a los yuyos. Espacio hay de sobra pero hace frio y hay que tener mucho cuidado con el viento.

El turismo es un ingreso importante para estas familias. Algunas tienen un ger separado para turistas pero a veces compartimos con ellos estilo pijama party. La dinámica de la comida es así: primero el bowl de té con leche y sal. A la vez se sirven los bombones, caramelos y bolitas de masa frita en grasa. Después empieza a circular el bowl comunitario de leche fermentada. En el mismo bowl del té se sirve la comida, siempre pasta finita casera con carne y grasa. De hecho podemos asegurar que los mongoles no distinguen entre carne y grasa, para ellos es todo lo mismo. He masticado cada cacho de grasa. Una vez que se termina la comida, de vuelta té en el mismo bowl y más caramelos.

No siempre comíamos con la familia. A veces cocinaba Victor, el guía, que resultó ser un cocinero muy esmerado. Le ponía mucha onda y verduras. Igual eran fideos y carne, pero con zanahoria y remolacha.

De la familia del bebé nos fuimos caminando a una zona de lagos. La caminata estuvo buena, por adentro de un bosque pero al final empezó a llover granizo. Era intensidad de lluvia pero llovía hielo del tamaño de bolitas de telgopor. Y estuvo un rato así. Lloviendo hielo. No era grave porque casi no moja pero era hostil. La aventura se engrandeció cuando llegamos al ger de la familia de los lagos y nos encontramos con torta fritas recién hechas y crema de leche fresca para untar.

Ellos se la pasan laburando. Los padres mandan a sus hijos a colegio pupilo y a la universidad para que salgan adelante porque la vida nómade es dura, pero Ulan Bator no tiene nada que ofrecer. Los jóvenes se van a Corea, Australia o Estados Unidos a trabajar de ilegales. Los padres se quedan solos para hacerse cargo de lo que antes se hacía cargo toda una familia. Ayudan los chicos más chicos que los 4 años ya los suben a un caballo y los pocos abuelos que quedan en pie.

Para arrear a los animales los mongoles se ponen unas túnicas que son exactamente las mismas que usan en Dragon Ball. Sin caballo sería imposible manejar el ganado, ni hablar cuando tenés un metro de nieve, pero eso de la relación de compañerismo entre el hombre y su caballo es un mito romántico. El caballo te lleva porque tiene un fierro enganchado en la boca. El camello porque tiene un clavo de madera atravesado abajo de la nariz. No juzgo su necesidad pero sí la del turista, nunca más cabalgata recreativa.

Día 7 u 8 del tour, momento de la primera lavada. Me desperté temprano y fui a buscar agua a un arroyo pero claro estaba congelado. Rompí la capa de hielo, llené un balde con agua y con eso me lavé. Fue horrible pero la sensación de limpieza valió la pena. Barbi fue más viva y usó agua que la familia ya tenía en un tacho y al menos no era hielo.

Del Valle nos fuimos al desierto de Gobi. Una semana haciendo doscientos y pico de kilómetros por día en caminos que no son caminos. Tracketeo constante en el jeep con el chófer cantando y esquivando cabras. Horas mirando por la ventana los paisajes.

Un día explotó una tormenta de nieve que duró tres días. Nunca habíamos visto algo así. De repente todo era blanco, sin nada en el horizonte más que blanco. El camino no se veía y ellos no tenían GPS. Los turistas empezamos a poner nerviosos pero el chófer se sabía orientar no sé cómo y, si fallaba, buscaba a un nómade y nos guiaba. Fue impresionante atravesar el desierto en la tormenta de nieve, tuvimos mucha suerte de verlo así todo blancoy de que dejara de nevar cuando llegamos a las dunas.

El desierto Gobi no como es el Sahara. Es en realidad un semi desierto. Hay pastito en alguna época y la vida es relativamente viable. Hace 70 millones de años era un océano. Hoy tiene algunas partes de dunas de arena y muchas formaciones rocosas espectaculares. Está lleno de minerales entonces hay acantilados colores que parecen pintados con tiza. Se forman cañones y por el frío todo se congela. O sea, anduvimos caminando por dunas de arena y ríos de hielo, todo en el mismo Gobi.

La última noche la dormimos en carpa. Nos quedamos en otro valle lleno de piedras enormes y colinas de pasto corto por donde en cualquier momento podían aparecer ejércitos con espadas o algún gigante.

De tanto traqueteo el jeep la quedó. No arrancaba. Pero cuando nos despertamos ya había una van amiga lista para remolcarnos despacito hasta Ulan Bator. Fue una vuelta leeenta pero ante la posibilidad de quedarnos en el medio de la nada la verdad lo resolvieron muy bien.

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